“¿Alo?” Dijo una voz femenina que reconocí al instante. Hacía dos meses que había llamado al mismo numero telefónico preguntando por aquel misterioso brebaje amazónico del Ayahuasca y sus efectos sicotropicos, tema del cual yo no era un ignorante, en la teoría, debido a la investigación hecha para escribir la novela “Te Veré en Sueños”. Pero esta vez quería probarla y pasar por toda la ceremonia previa a la toma y sus efectos. Sólo que yo tenía un oculto temor. Sabía que uno de los efectos del brebaje amazónico es el de producir una arritmia (elevación del ritmo cardiaco) y la no placentera contracciones abdominales que te provocan el vomito, y así, con estos síntomas, el inicio del vuelo prometido.
“Alo... Kapullana?”
“Si Señor Miguel que gusto de escucharlo...- reconoció mi voz y agregó-... y que pasó? ... Porque no volvió a llamarnos?”
“Tuve unos asunto ineludibles que me entretuvieron...”
Mi familia y yo hemos vivido toda una vida, en California. Y mi hijo Miguel Júnior venía a visitar el Perú después de muchos años así que no era posible que me distrajera con nada que no fuera el de ser el guía turístico de él.
“Pero esta vez si tengo el tiempo y la completa disposición de hacerlo este fin de semana”
“Señor Branez lamento que no sea posible... Mañana viajamos a Pucallpa con un grupo de visitantes Europeos con quienes vamos a realizar la ceremonia total de la toma del ayahuasca, y estaremos de regreso en quince días... Podría ser el fin de mes?”
“Claro, entonces estaremos en contacto cuando regresen”
“Si... Yo lo llamo, no se preocupe”.
Usualmente me mantengo en buen estado físico, troto 3Kms diariamente y hago seis series de 60 repeticiones con mancuerdas de 10 Kg. inter diario. Así, con mis 56 años de aquel entonces, pensé que soportaría el choque de mi vuelo sicodélico con el Ayahuasca. Aunque siempre me seguía la sensación del temor de ponerme en riesgo de una taquicardia. Jamás en mi vida había experimentado con ninguna droga o sustancia prohibida. Únicamente, llevado por la publicidad y la presión del entorno social, probé, y estuve alrededor de ella por casi diez años, con la mas terrible droga de nuestra sociedad de hoy y antes: El Tabaco.
Durante mi espera empecé de manera voluntaria a mejorar mi dieta comiendo menos grasas y condimentos, excluyendo todo tipo de alcohol. Debía de estar listo para cuando me llamen.
“Aló?”
“¿Señor Branez cómo está?”
“Kapullana... Estaba esperando su llamada”
“¿Entonces está listo para este fin de semana?”
“Sí... Claro e inclusive he empezado una dieta desde hace de dos semanas”
“Muy bien Sr. Branez... Pero no es suficiente. Es necesario que asista a la reunión con el Shamán Ronald Rivera, que estamos organizando con las personas que junto con Ud. van a participar en la toma. Ademas le vamos a entregar una separata de información e instrucciones que deben seguir para lograr una buena experiencia... Mañana martes a las 4pm lo esperamos en nuestra oficina en Surco...”
La conversación continuó por unos minutos mas en detalles de la dirección del lugar y el pago que tenía que hacer para participar en la toma. Yo sabía que los Participantes extranjeros pagan cerca de $1000.00 Dlls. por la Ceremonia Total, aunque esta incluye alojamiento y comida por una semana en un cómodo y agradable Refugio en medio de la selva Pucallpeña, conferencias, videos y, lo principal, hasta cinco tomas de ayahuasca.
En cambio yo participé como un nacional común y corriente, lo que me resultó muy económico. Aunque me perdía la experiencia de hacerlo en medio de la selva rodeado de la sinfonía natural nocturna de los millones de bichos y animales de esta. Además del propio recogimiento espiritual que logra el grupo al reunirse por varios días en torno de un mismo objetivo, y ser dirigido por el Shamán.
La reunión duró una hora. Y lo que mas me llamó la atención fue encontrar a un neo Shamán, vestido de sport elegante, oriundo de Pucallpa, cuyos padres y antecesores fueron Shamanes también, y que además de ser graduado en Sicología en la prestigiosa Universidad Nacional Mayor de San Marcos, conocía los secretos de la elaboración del brebaje. El neo Shamán no estaba con la cara pintarrajeada, ni llevaba plumas en la cabeza, menos aun nos escupía con aguardiente como ahora suelen hacer algunos mercachifle o vulgares remedos de los originales. De hablar pausado y seguro, nos explicó los alcances de la experiencia y las limitaciones de hacerlo en la ciudad con una sola toma el ayahuasca, de la rigurosa dieta que debíamos seguir desde ya porque la ceremonia sería el Viernes en la noche prolongándose hasta la mañana del Sábado. Al final de la reunión todos, éramos seis los participante, habíamos establecido ya un vinculo común: El Vuelo hacia el desconocido infinito de nuestro subconsciente. Cada quien con sus propios motivos, los que en definitiva sería el sello personal de la experiencia sicotropica de cada uno de los participantes.
Eran las 10 de la noche del viernes acordado. Estábamos allí los seis aspirantes al mágico vuelo, el Shamán y Kapullana. En medio de cerros y árboles de eucaliptos y sauces, en algún lugar de la zona alta de Cieneguilla, a sólo una hora del centro de Lima. Pero el cambio era dramático. El aire que respirábamos era limpio, no sentíamos el mundanal ruido de una ciudad, ni sus luces nos enceguecía. Yo era el mayor de todos, inclusive podía ser el padre de cualquiera de ellos incluido el Shamán y su asistente. Mis acompañantes (tres chicas y dos jóvenes) eran estudiantes universitarios o profesionales recién egresado. Entonces la ceremonia empezó.
Lo primero que hizo el Shamán fue rendir tributo a la madre tierra (La Pacha Mama) que nos albergaba y a los imponentes Cerros que nos rodeaban (Los Appus), repartiendo hojas de coca que recibimos de manos de Kapullana. Luego bajo su dirección lo enrollamos y colocamos en nuestra boca, entre los molares, para extraer su agrio jugo, practicando así la milenaria “Chaccha de la Coca” que el hombre americano practicó a lo largo y ancho de la cadena andina.
Hasta allí llegó la formalidad de la ceremonia porque lo que continuó fue un dialogo abierto, promovido y dirigido por el Shamán, para lograr nuestra distensión y dejar atrás todo tipo de preocupaciones que distrajera nuestra atención de nuestro objetivo. Así fue como los integrante nos conocimos mejor, así fue como supimos lo que cada uno quería obtener de la experiencia con el ayahuasca, claro, con sus propias reservas. Y la respuesta fue uniforme ya que todas se centraban en lograr un encuentro espiritual... Místico. Al final de esas dos horas de conversación el grupo había perdido la natural inhibición que existe entre desconocidos y nos habíamos afiatado con un grupo que en breve iniciaríamos un extraordinario viaje. La luna apareció en todo lo alto del oscuro firmamento y su energía Selena nos irradió. Así pude descubrir por primera vez los detalles, en la penumbra, de los rostros de mis compañeros como si recién nos hubiéramos conocido.
A la medianoche ingresamos a un sala en donde habían unas camillas, almohadones y cobijas. Pero lo que llamó mi atención fueron los cubos con bolsas de plástico que había al lado de cada cama. Y pensé: Carambas, tendré que vomitar. Y recordé, con agrado, que sólo había ingerido líquidos como dieta.
“Ahora vamos a iniciar la experiencia prometida... Vamos a beber una porción como ésta de Ayahuasca... –y el Shamán nos mostró un vaso a medio llenar-... sus efectos se empezarán a sentir dentro de diez a veinte minutos y se prolongará hasta el amanecer... les recomiendo que cierren los ojos al sentir los primeros efectos, nosotros apagaremos las luces y siempre estaremos con ustedes para ayudarlos en cualquier caso aunque sin interferir con sus experiencias... Kapullana estará al lado de cada uno cuando la purga llegue... Buen viaje...” y las luces se apagaron quedándonos en la semi penumbra. Yo mantuve los ojos abiertos y luego se acostumbraron a la oscuridad y pude distinguir perfectamente la silueta de todos en el salon.
De pronto, el joven que estaba a mi lado izquierdo anunció “Empiezo a ver luces muy intensas... de colores... y a oir un ruido...” y no pudo decir mas porque el vomito se lo impidió. Yo, instintivamente, había volteado a verlo cuando empezó a hablar y mi sorpresa mayúscula fue cuando lo vi vomitar al cielo una llamarada de fuego multicolor, exactamente como si fuera un dragón... Él había empezado su vuelo... y yo también, entonces...
Amigos, hay mucho que contar de esta extraordinaria experiencia y realmente me he expendido en detalles que nos sirven para poder tener una ligera idea de lo que es la experiencia con el Ayahuasca. Así habrá entonces una parte II de este Viaje al Infinito, que se los entregaré muy pronto (el 30 de Junio)...
Les recomiendo visitar http://spaces.msn.com/tevereensuenos/ en donde estará el mismo articulo acompañado de fotos y música... Gracias.