LUNAHUANÁ...
Me pregunto ¿Qué sentirá un ciudadano americano al volver, después de vivir 25 años fuera de su país, a su ciudad natal y cruzar los puentes “The Golden Gate” y los otros seis de la bahía de San Francisco? ¿Sentirá lo mismo que yo experimenté al regresar al Perú y cruzar los destartalados puentes sobre el río Cañete en la ruta a Yauyos?
Bueno sin bromas y al margen de las particularidades, creo que la experiencia del sentimiento del regreso a casa es el mismo en cualquier ser humano. El retorno a un lugar en el que habíamos vivido o transitamos en un pasado lejano nos traen múltiples recuerdos de aquellos momentos.
En mi caso yo volvía a transitar por una ruta que había recorrido escasamente unas 5 veces en mi vida, en los años de mi adolescencia. Yauyos era la tierra de mis padres, la que ellos abandonaron en su niñez en busca de una vida mejor en la capital, Lima. Si, la gran Lima, la misma que yo abandoné junto con mi esposa y tres hijos para irnos rumbo a California en busca, como mis padres lo hicieron, de una vida mejor también.
Viajando por la Carretera Panamericana, a sólo 180 Km. al sur, encontramos la ciudad de San Vicente de Cañete. Punto importante porque desde allí nos dirigimos al este, hacia la cadena de cerros, con dirección a la sierra, siguiendo el curso de un serpenteante río. Y con la misma celeridad que viajábamos en la camioneta 4X4, virtualmente trepando la montaña, aparecían escenarios que provocaban recuerdos en mi memoria. Imagine a mis padres en cientos de niños que nos saludaron con las manos a lo largo del camino. Y me pregunte :¿Qué hubiera sido de mi si ellos no salían de allí? Y la respuesta se presentó en los cientos de rostros de adultos que vi en el trayecto, en cada lugar que paramos, para estirar las piernas, comer o gozar del escenario que nos ofrecía el río y la vegetación adyacente... ¿Qué hubiera sido de mi familia si no hubiera tenido la iniciativa de dejar el Perú cuando empezaba la peor de sus crisis económicas?... Y así vi a mi esposa en una de esas humildes mujeres curtidas por la calor, el frío y el polvo... y a mis hijos y nietos entre ellos... ¿Seríamos mas felices? Se me ocurrió... Definitivamente tenemos mas cosas de las que ellos necesitan, pero... ¿Felicidad? No lo sé... Porque la felicidad no lo puedo medir en logros materiales... Personalmente los vi felices en su medio... y sentí en ellos la envidia sana de mi felicidad... Sentimientos que me hicieron disfrutar de mi viaje.
Claro que hubieron otros pensamientos como los del progreso y la falta de promoción de parte del estado para la solución de un sin numero de problemas que aqueja a la zona. O la iniciativa empresarial de la gente para arreglárselas ellos mismos.
En mi viaje tuve la acertada decisión de quedarme durante dos días en un hermoso pueblo, Lunahuaná... lugar hasta donde llega la carretera asfaltada y las tarjetas de crédito son bienvenidas. Pueblo en donde tuvimos un buen alojamiento, con agua caliente, ofertas del deporte de aventura, Cabotaje, y excelente comida, como la variedad de platos a base de truchas y los camarones, acompañada de exquisitos vinos y piscos de la zona. Lugar en donde hicimos además una visita a los restos arqueológicos de la ciudadela Incahuasi... Así, sin mas palabras los invito a apreciar las fotos de este viaje en: http://miguelbranez.spaces.live.com y disfrutar de una gran canción del fabuloso Neil Young.

