medium_faulkner3.jpgWILLIAM FAULKNER.

    ... Yo me había distraído sólo un segundo observando la actitud de mi amigo William. El cuadro me resultó sorprendente, ver a la despampanante mujer negra en las rodillas del gringo sureño de Mississippi a punto de darse un beso francés había hecho saltar en la profundidad de mi subconsciente la basura del prejuicio étnico, en el cual había sido educado durante años sin haberme dado cuenta. Claro que hoy, como un hombre respetuoso de los derechos humanos, conciente y responsable de mis actos, no aceptaba la discriminación de ningún tipo. Sin embargo la basura depositada por años se movió dentro de mí y su fétido olor me avergonzó. Era increíble, hacía sólo unos minutos que había insultado a mi amigo a causa de un aparente chiste de contenido étnico y ahora mi subconsciente me traicionaba con una idea prejuiciosa.
    Pero lo que es aun mas asombroso son la cantidad de pensamientos y emociones que pueden transcurrir por la mente en sólo unos segundos, y cómo, “alguien mas”, dentro de ti asume el control de tus acciones en ese lapso de tiempo.

      medium_cindy_crawford.jpgJULIENNE.

        Lo cierto y concreto era que Julienne, la despampanante rubia de labios carnosos y lunar a lo Cindy Crawford, cuyas redondeses estaban ahora ocultas bajo su ropa, resultaba mucho mas sensual. Ella estaba en mis rodillas, deslumbrándome con el fulgor del brillo de sus ojos azules y su cautivante sonrisa. Me abrasó suavemente con la misma confianza y seguridad que sólo suelen tener los amantes o amigos entrañables. Me miró directamente a los ojos y acercó su rostro al mío. Su cautivadora sonrisa, sus ojos azules, su belleza y su seguridad en sí misma empezaron a intimidarme.
        Les confieso que no soy un tipo frívolo acostumbrado a la vida mundana, pucha, dale otra vez con mis prejuiciosos estereotipos, y les decía que realmente no sabía como desenvolverme en ese momento, como si fuera necesario saber que hacer con una mujer en las rodillas... en realidad... sí, si tienes que saber cómo comportarte de lo contrario eres un patán, ¿Pero a quién le importaría en ese Nude Bar si lo soy o no?... Sólo a mí mismo... Si, al final de cuentas yo era el problema. Por eso, por sólo unos segundos me sentí atrapado sin saber que hacer ni que decir, pero les cuento sinceramente que no sé de donde infiernos salió de mis labios, a capela y en perfecto español, los versos de una canción de Calamaro...
        Flaca... no me claves... los puñales... por la espalda...
        Tan profundo... no me duelen... no me hacen na...
        Lejos... en el centro... de la tierra...
        Las raíces... del amor... donde estaban... quedaran...

        El rostro de Julienne se iluminó como si yo hubiera tocado un botón invisible en su alma. El casi susurro de la canción había funcionado como un “Abra Cadabra” mágico, para ella y para mí, porque lo que siguió fue un devenir de gestos, palabras y acciones que jamás había pensado vivir en mi tediosa y apacible vida, o en lo que me quedaba de ella.
        “Sigue por favor...” me suplicó Julienne, y se puso de pié delante de mí.
        “Flaca...”
        Empecé con el estribillo mágico... y la magia funcionó. Julienne bailó, esta vez sobre el espacio mínimo de una baldosa. No fue una danza erótica sino muy acompasada y alegre. Se balanceó hacia delante, atrás y a los costados mientras sus manos dibujaban siluetas invisibles en el cielo; dio giros con sus caderas y rodillas mientras bajaba y subía su cimbreante humanidad; y la conjunción de los movimientos de sus brazos y manos, señalándome o haciendo hondas delante de sus resplandecientes ojos, y sacudiendo su rubia cabellera me cautivaron logrando hacer desaparecer de mi conciencia el entorno en donde estábamos.
        Sólo la bulla de aplausos y silbidos me trajo de vuelta al mundo real. Vi a William y a la mulata aplaudiendo alegremente, y a otros de mesas cercanas aullando y silbando.
        Julienne volvió a sentarse en mi rodilla mientras se arreglaba la cabellera. Entonces, tuve una agradable sensación. En esta oportunidad, por primera vez en todo éste viaje en búsqueda de una evasión, sentí su peso, su calor, su aroma... su respiración. Sí, estaba con un ser humano que buscaba compartir un momento de felicidad... y por más breve que fuera... era verdadero... entonces intuí que sería muy diferente al “pan con pescado” que había experimentado en la ciudad del pecado de Las Vegas.
        Mi animo había cambiado, y súbitamente no tuve ningún problema para seguir bebiendo. Así, entré en el clásico estado de euforia del borracho y bailé, bailé como un trompo o fue el mundo que comenzó a girar a mí alrededor, pero los últimos recuerdos de aquella noche fueron escenas, destellantes como flashes de un fotógrafo, en donde vi a William y su morena acompañante riendo a carcajadas con las narices empolvadas; a Julienne frotándose contra mi o tomándome de la mano mientras girábamos en un baile interminable; luego recuerdo también que dando tumbos por un hall fui al baño con William, de cuando en plena micción lo vi conversar con alguien para luego acercarse a mi y pasarme subrepticiamente un paquetito a la mano, acompañada de una grotesca sonrisa y un guiño. Yo entré al excusado y en mi soledad sonreí conmigo mismo, y el ultimo atisbo de conciencia que me quedaba me anunció que estaba a punto de drogarme para poder sobrevivir la noche.
        Abrí el envoltorio del polvo de mi salvación con el mismo cuidado que tiene un elefante desatando un nudo, y con el giro de mi mano derramé el polvo blanco del paquetito al retrete, polvo que vi caer como una lenta cascada al remolino de agua que se iba inexorablemente, mientras adivinaba que en mi rostro se dibujaba la estúpida sonrisa del borracho... aunque me sentía feliz de lo que estaba haciendo.
        Desperté súbitamente sobre una cama con un terrible dolor en el brazo. Cuando quise moverme descubrí que la rubia cabellera de Julienne estaba justamente en donde provenía el bendito dolor. Con cuidado, esta vez de caballero y no de elefante, me escurrí y logré zafarme del peso aunque no pude lograr que ella instintivamente se moviera girando su cuerpo, el que quedó totalmente expuesto ante mis ojos para mi deleite.
        “¿Deleite?... Shit!!!” Me dije a mí mismo mientras masajeaba suavemente el brazo adormecido, y cuyo punzante dolor ahora se reflejaba en mis sienes que parecían a punto de estallar, como recordándome la noche de borrachera.
        “Un baño... un baño de agua fría me reanimará y quitará al resaca” Pensé mientras iba al baño.
        “No way josé” dije al tocar el agua de la ducha con la punta de mis dedos y comprobar que si el agua corría era porque estaba a un grado menos de su punto de congelación, así que opté por un baño tibio. En un principio sometí a mi dolido hombro a un masaje acuoso con la máxima temperatura que podía soportar, para luego simplemente disfrutar del chorro relajante del agua tibia.
        Estuve así por unos minutos, con los ojos cerrados, girando alrededor del agua, meditando en los huevos del gallo y la cuadratura del circulo y en que si así, a través del placer del baño, podría llegar al nirvana, cuando de pronto sentí que dos suaves manos se deslizaron por mi cintura, desde mi espalda, para acariciar mi pecho. Abrí inmediatamente mis ojos y giré a ver quién era, porque en este país de sicópatas la ducha es el lugar preferido para cometer sus crímenes y no necesariamente para enjabonarlo a uno.
        Para mi felicidad encontré los relampagueantes azules ojos de Julienne, quien alegremente y con toda mala intención, alevosía y ventaja de su juventud se unía al reconfortante baño. Bueno, tampoco sólo para enjabonarnos, sino para todo lo que habíamos estado imaginándonos hacer mutuamente desde el momento en que nos vimos en la penumbra del Nude Bar... Siempre y cuando tuviéramos la oportunidad... Y la tuvimos durante una interminable semana.
        ¿Y el gringo William? ¿Y la literatura? ¿Y el proyecto de escribir mi primera novela? Bueno, les confieso que ésta es una larga y aburrida historia de papeles emborronados que en su mayoría van a parar al tacho de basura, real o virtual, la que les iré contando sólo las partes más anecdóticas de aquellos escritos que sobrevivieron... Y como este no es un cuento de hadas o ficción, puedo decirles algunas cosas que no tendrían porque arruinar la sorpresa ni el drama porque no lo es. Bien, les diré que la flaca Julienne vive conmigo en mi nueva casa en Santa Mónica... Que compré con el producto del éxito de la venta de mi primera novela que resultó siendo un best seller... En esto, Julienne fue una gran ayuda para mi estabilidad emocional, aunque eso no fue determinante en mi producción literaria. Lo que sí fue determinante es mi providencial amistad con el gringo William y los ocasionales amigos, como James Joyce y Ernest Hemingway entre otros, que trajo a las interminables conversaciones que tenemos en la terraza de mi casa casi todas las tardes, apreciando el ocaso Californiano, el exquisito sabor de las aceitunas, el queso y el pisco peruano...
        ¿Fin?... No...
        Como les dije, les iré contando poco a poco... Hasta pronto.
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