UNA EXPERIENCIA CERCANA. En abril de 1995 obtuve un jugoso contrato con la cuidad de Long Beach para hacer unas ampliaciones y remodelaciones en el Centro de Convenciones de la Ciudad. Por fin había dejado de ser un “outsider” y mis relaciones personales con exigentes inspectores, desde que fui un simple obrero de construcción, daban sus frutos. Ganar una licitación no es una cosa muy difícil de lograr sino el construir una reputación en base a una excelente ejecución de Obra. Así que las semanas siguientes fueron de una concentración meticulosa en la ejecución del Plan de Remodelación del Centro de Convenciones de la Ciudad de Long Beach, ciudad en donde residimos desde que llegamos a este gran país, como turistas en un principio y que luego nos quedamos como visitantes ilegales al expirar nuestra visa, hace 25 años. Lo único que distraía mi total concentración al proyecto de Ingeniería Civil era la próxima boda de mi hijo mayor, Camilo, quien ya laboraba en la pequeña empresa constructora “Branez Construction”. Un día, el 19 de Abril, a las 7 de la mañana cuando daba instrucciones a los diversos jefes de obra, mientras tomábamos café, llegó el Inspector de la Ciudad y presuroso nos comunicó que teníamos que suspender toda actividad y dejar el lugar lo mas pronto posible. Ante mi lógica intervención me dijo que lo único que podía decirme era que todo el Sistema Federal estaba en Alerta Roja, y eso significaba que en todas las instituciones del gobierno federal del país las labores se cancelaban, los empleados eran enviados a casa y los edificios cerrados. Fue por la radio de mi pickup Chevy Silverado, en el breve lapso de nuestra salida, que nos enteramos que en algún lugar un edificio había sufrido un ataque terrorista. Yo puse mas atención a la noticia con el pensamiento predispuesto a creer que el hecho había sucedido en el Perú o en el Medio Este... Pero una ampliación de la noticia confirmó que tal atentado había ocurrido en la ciudad de Oklahoma y, por la premura de los corresponsales y el prejuicio en boga acerca de los atentados terroristas, se insinuó que la autoría de tan atroz acto eran los Libios de Omar Kadaffi, los palestinos o en todo caso los árabes... Aunque lo que vendría luego sorprendería a muchos. Poco después, ya en mi casa, vi por la televisión los detalles, en vivo y en directo, de la magnitud del atentado terrorista perpetrado al edificio federal Alfred P. Murrah. Y fui testigo de cómo la nación entera se conmocionó ante las escenas graficas de sangre y dolor de muertos y heridos cuando eran rescatados por los bomberos y paramédicos. Y lo que mas me afecto fue ver a amigos y familiares que se habían hecho presente para ver por la salud e integridad física de sus seres queridos, entre ellos muchas madres, padres y abuelas de niños menores de cinco años ya que allí funcionaba una guardería infantil... Y allí vi a nuestra América de inmigrantes... Gente de todos los colores de piel unidos por el dolor causado por el atentado terrorista... Gente de todos los colores de piel ayudando en el proceso del rescate. Luego vendría, con una extraordinaria celeridad, la investigación que daría con los causantes de tal magnicidio. Y así, ésta despejó todo rumor y sospecha prejuiciosa para afirmar que quien había detonado la fatídica bomba de 3 toneladas de explosivos había sido, tal como se dijo en la noticia, “Uno de los Nuestros”, sí, un joven ciudadano americano, blanco... Timothy McVeigh, un condecorado veterano de la Guerra del Golfo, quien providencialmente había sido arrestado 90 minutos después de la explosión mientras viajaba huyendo hacia el norte, afuera de la ciudad de Oklahoma, por conducir sin matrícula de circulación y portar un arma de fuego en la maletera. Luego se supo, durante la investigación policial y judicial, que Timothy McVeigh y sus colaboradores eran miembro de la ultra derecha americana. Quienes proclamaban entre otras cosa que el presidente Bill Clinton y Sra. eran agentes del comunismo internacional, que pretendían entregar la administración de la nación Americana a las Naciones Unidas para esclavizar a los ciudadanos blancos, y que la inmigración de la minorías raciales a América respondía a ese diabólico plan. Timothy McVeigh fue condenado y ejecutado a muerte, luego de un juicio de dos años, y sus dos colaboradores condenados a prisión, en un juicio en donde el fiscal se concentró en afirmar que ellos eran los únicos quienes llevaron a cabo el atentado terrorista que cobró la vida de 180 civiles y 20 niños. El epilogo del atentado no termina con la ejecución de Timothy McVeigh. Al contrario, ésta ni siquiera empieza a ser escrita porque la cultura de odio pregonado por el racismo y la ideología del Imperio siguen intactas... En realidad podemos afirmar que Timothy McVeigh fue una victima mas de esta cultura de odio, que con su predica lo volvió un prejuicioso e intolerante inconforme. Detestó a quienes no eran blancos como él, creyó fervientemente en la predica nazi de que su raza y América estaban en peligro por la amenaza comunista de una sociedad multicultural... y actuó con las armas extremas de la intolerancia... llevando el dolor a miles de personas... entre ellos a sus propios amigos y familiares quienes nunca comprendieron su accionar... Pero... Seamos realistas ¿Cuál fue el crimen de Timothy McVeigh si éste fue entrenado por el ejercito para bombardear y destruir puentes, caminos, escuelas, iglesias, hospitales... y cuanto objetivo les marcaran los halcones del pentágono y la CIA...? Sí. Su crimen fue hacerlo en contra de su propia gente... de lo contrario hubiera sido condecorado... Como lo fue en la abusiva Guerra del Golfo durante la administración Bush.
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