Sí. Allí estaba yo, a mis 56 años de edad, en la penumbra de la habitación rodeado de gente que no conocía, alucinando, en el real sentido de la palabra, experiencias jamás vividas en una situación de la que siempre me había alejado o negado a participar. Mi educación cívico-cristiana, casi fundamentalista, desde muy joven, había levantado una muralla ante el uso de las drogas, sin embargo estaba allí recostado en una litera experimentando los efectos de la Ayahuasca.

Y el recuerdo de un pasaje de mi juventud vino a mi memoria. Recordé que una tarde, ante la ausencia de un profesor a una de las clases en la Universidad, la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima-Perú, un grupo de amigos decidimos hacer tiempo yéndonos a dar un “paseo”, en espera de la siguiente clase, por una nueva urbanización cercana al Campus. Éramos seis compañeros del mismo salón, tres X y tres YX, una de ellas mi virtual enamorada. Cuando me invitaron a dar el “paseo” yo lo entendí como tal, y para mis adentros me dije que era la mejor oportunidad para definir los mensajes que recibía de la chica que me tenía embobado, aunque luego descubriría que “el paseo” tenía otro significado. Entonces, por mutuo acuerdo, y sin palabras, ella y yo nos sentamos juntos en los espaciosos asientos de adelante del auto, un Buick 69, de mi amigo.

Cuando llegamos a un paraje solitario de esta novísima Urb., aun en la etapa final de su edificación, mi amigo detuvo el auto y bajándose de éste se escurrió en la parte posterior en donde estaba su enamorada y una pareja mas, mientras decía alegremente “Tenemos dos horas libres... tiempo suficiente para fumarnos un ‘tronchito’... Fue entonces que me di cuenta del real significado del llamado “paseo”. Yo era muy joven, recién salido de la adolescencia, y tenía una determinación férrea, aunque irracional, de decir ‘no a las drogas’; sin embargo todos los que ejercieron esa educación en mí eran adictos a la peor droga de nuestra sociedad: El Tabaco...

Y me vi en una encrucijada. Yo no acostumbraba a pasar el tiempo con este grupo, pero mi admiración, expresada locuazmente, por la música de Carlos Santana, Jimmy Hendrix y otras estrellas de la onda de la música psicodélica, y principalmente por la invitación que hice a la chica que me paralizaba la respiración a ver el estreno de la película ‘Woodstock’, habían enviado señales erróneas al grupo con quien ahora estaba en el auto.

Si hubiéramos estado en una fiesta hubiera tenido escapatoria, pero allí no la había. El ‘trochito’ de marihuana en realidad parecía un típico Habano Cubano de fabricación rudimentaria, como los que solían fumar Fidel, Camilo y el Che, por lo grande; Además descubrí que la Biblia que estaba en la guantera del auto de mi amigo servía como proveedor del fino papel para envolverlo, y no como la guía espiritual que yo pensé.

El ‘troncho’ empezó a girar, mis cuatro amigos que estaban atrás lo aspiraron, cada uno en su turno, con ansiedad y vehemente lentitud, que yo esperaba que fuera una eternidad para no tener que enfrentarme al inexorable momento de verme con el ‘pucho’ en mis manos... Hasta que pasó al asiento de adelante... a manos de mi adorada y casi ya enamorada.

Ella lo recibió he inmediatamente se lo llevó a los labios. Sus ojos azules relampaguearon alegremente mientras me miraba y aspiraba, y vi como la punta del ‘tronchito’ ardía quemándose por semejante aspirada. Luego, sus delicadas manos me lo alcanzaron mientras contenía la respiración, y yo escuchaba toser a mis amigos de atrás... El momento de la verdad había llegado de la manera mas usual, pero inverosímil para mi, a pesar de haberme imaginado muchas veces estar en esa situación. Tomé en mis manos el ‘troncho’ brindado de las manos de quien menos quería rechazar algo, y mientras ella me miraba sonriendo y aguantando la respiración, vi la expresión de sorpresa en sus ojos cuando yo, sin simular nada, pasé el ‘tronchito’ al los ‘patas’ del asiento de atrás, sin aspirarlo.

Ella fue la única testigo de mi ‘deslealtad’ con el grupo... y entonces tosió, tosió muy fuerte, quizás como queriendo expeler todo lo aspirado, o talvez por la sorpresiva decepción del abandono. Me miró con el seño fruncido, no de cólera sino de extrañeza, como preguntándome ¿Por qué no?

Yo, aun hoy y bajo las presentes circunstancias, no puedo imaginar la expresión de mi rostro en tal momento. Lo que sí recuerdo fue la sensación que experimenté, y fue la de sentirme libre del maldito dilema de ceder ante una presión social del momento, y creo eso a ella la avergonzó... La acción ya estaba hecha, producto de una determinación, repito: mas fundamentalista, resultado de la educación cívico-religiosa recibida de decir un no absoluto a las drogas, que de un conocimiento racional.

La ronda del ‘tronchito’ se repitió tres veces mas, en medio del fétido e inconfundible olor a hierva quemada. Rondas, que a mi no me fue difícil evitar y pasarlo a los inadvertidos amigos del asiento de atrás, aunque ella y yo evitamos mirarnos a los ojos. Aun así, muy fugazmente vi sus dos perlas azules nublarse de un velo transparente y languidecer en un ensueño, cuando de reojo me miraba a ver si volvía a obviarlo... Sólo en la ultima ronda de aspiradas al pitillo sus ojos volvieron a relampaguear, aunque ya no con el brillo inicial, mirándome desafiantemente como para decirme un ‘Y que!’ sin palabras o quizás simplemente un adiós.

No está demás contarles que allí, en ese momento, había terminado la posibilidad de un amorío juvenil. Luego sólo fuimos amigos de aula, por el semestre, y ocasionalmente en otros durante la etapa estudiantil. Con los otros amigos quedamos con un ‘Hola... Hola’, de ida y vuelta, ocasional, para luego quedar en un hielo absoluto. En realidad no había nada que nos identificara en una base de una relación de amistad.

Nunca me sentí absolutamente seguro de haber obrado bien por tal decisión, al contrario inicialmente me sentí orgulloso de haber sido leal a mis principios, y jamás me avergoncé ante ellos, pero en mi interior quedó algo me molestaba. Extrañamente, meses después, en las elecciones estudiantiles, cuando yo era el candidato de una lista radical de izquierda en la universidad, los vi apoyarme a pesar de que sabía que ellos discrepaban en casi todo lo que planteábamos en nuestro programa para: Una Universidad Democrática y Popular.

Años mas tarde me encontré con ella, la frustrada enamorada de mi juventud, en California, en una Licitación de un Proyecto de Ingeniería Civil, que ninguno ganamos, pero que sí fue una gran ocasión para rememorar los dulces años universitarios y el ineludible anécdota ya contado.

Esa misma tarde, luego de compartir el lunch y beber unas Miller Draft en un bonito bar de Santa Mónica, fuimos a la playa, y mientras caminábamos por la orilla del mar ella abrió la cajetilla de un conocido cigarro y sacó un ‘tronchito’ enrollado de manera casera, ahora si pequeño; Lo encendió con toda confianza, pero esta vez no hizo el intento de invitarme, simplemente lo fumó con consabida aspirada, aguante y tosida; pero sus ojos volvieron a relampaguear al mirarme por un instante... Luego, cuando la charla de los recuerdos se agotó y la cosa pudo volverse mas intima nos despedimos prometiéndonos vernos otra vez para compartir una barbacoa con nuestras familias. Evento que jamás se realizó porque, de la misma manera como aquellos día de nuestra juventud nos enviábamos señales sin palabras, hoy comprendimos, a la orilla del mar, que no deberíamos vernos mas...

Recuerdos que pasaron por mi mente como imágenes en una sala de cine.

De pronto, como una refrescante brisa de conciencia, me di cuenta que el Ayahuasca había hecho su extraordinario efecto otra vez, y de una manera muy sutil había abordado un recuerdo que yo no había logrado ordenar en su momento y que en cierta manera me molestaba en el fondo de mi subconsciente... Fue como ‘Recetear’ la PC de mi mente para quitarle todos los virus y basura enraizadas en las profundidades de los programas instalados del Disco Duro... Entonces como una ráfaga volvió a venir la visión de la Muerte y el temor volvió a mi...

Era un temor preventivo que me anunciaba algo maravilloso pero terrible. A esas alturas de mi trance Ayahuasquero no sabía exactamente cuanto tiempo había transcurrido, si los consabidos quince a treinta minutos de las primeras visiones alucinantes, previas al bendito vomito que no llegaba para iniciar mi verdadero viaje al infinito, habían ya expirado. O pronto llegaría la abrupta contracción de mi abdomen para lanzarme en aquel vórtice de visiones incontrolable escondidas en mis subconsciente que me abrumarían hasta el limite de la anunciada taquicardia.

¿Acaso no sería así para mí? ¿Sería yo la excepción? Como no poder dudarlo si mis compañeros de viaje estaban ya en medio de esporádicos vómitos y estertores motivados por las visiones dantescas, que los abrumaba y los hacía titiritar llevándolos del paraíso a la pesadilla del infierno de sus propios demonios.

“Luis... -llamé al compañero de a lado, preocupado por sus quejidos y balbuceos incoherentes con el propósito de traerlo a la realidad, y añadí-... ¿Estas bien...?”

“Sí Miguel... No te preocupes... Estoy en medio de algo maravilloso... Haaaaaaa” y la coherente voz de la conciencia de Luis se perdió en el trance de quejidos y balbuceos.

Su respuesta me tranquilizó, respiré profundo para calmar mi temor. Sabía que ese miedo podía llegar al pánico y si eso sucedía iba a estar en una difícil situación... al menos eso era lo que pensaba...

¿Quién? ¿Quién razonaba en medio de mis alucinaciones? Mi yo?. Mi conciencia?. Aquel guardián y guía creado por el cerebro como una mera ilusión en el largo camino de su evolución, en el momento especial del salto dialéctico del Hombre-Mono al Homus Sapiens, y que ha tenido la destreza de ir de la mano con éste, interactuando ambos por millones de años?.

La conciencia es una maravillosa ilusión creada por el cerebro que nos ha permitido transformar muestra habita con todos los avances tecnológicos que vemos a nuestro alrededor... del que gozamos, pero al mismo tiempo, de ponernos en el riesgoso limite de nuestra destrucción. Conciencia cuyo gran defecto es su increíble miopía limitándonos sólo a la supervivencia... A excepción de aquellos casos en donde hombres extraordinarios se han liberado de sus barreras y han podido ver los ‘secretos’ del universo que nos rodea, desde el uso de sus manos como creador de herramientas hasta el descubrir la llave del umbral del espacio y el tiempo... La Teoría Quántica y la Formula Total del Universo...

Y por allí me llevó el Ayahuasca... Ahora estaba en un estado alterado de la conciencia, especial, digamos meditativo, de comprensión analítica, totalmente conciente que hurgaba en el basural de la subconciencia todo lo que había aprendido, leído o escuchado alguna vez, desde que tuve razón, ordenando mis conceptos acerca de la ciencia, la filosofía... la vida, en una palabra, y en el porqué de ella...

Sí amigos continuará, y no olviden de disfrutar de la experiencia audiovisual anexa.