En el día de la Mujer… George: Un pobre hombre
George era un joven repugnante. ¿Por qué? ¿Acaso era sucio o no era subjetivamente agradable? No, él tenía otro tipo de fealdad que lo hacía repugnante. Era el típico fascista adinerado, quien creía que no existía nadie a quien su dignidad no pueda pisotear. Decía además, mientras bebía cerveza chorreando por las comisuras de sus labios, en medio de sus amigotes, que el honor y la honestidad de cualquiera tenía un precio, sea la de un hombre o una mujer. Comía con los dedos de las manos y se los relamía con descarada arrogancia de hacer lo que le venía en gana en cualquier lugar. Despreciaba a los mendigos, a quienes según él deberían ser eliminados de la sociedad. Y a los pobres los aceptaba a regañadientes, ya que en sus dogmas de fe sostenían que fueron creados por dios para que lo sirvan a él y a sus iguales. Y por supuesto, era un fervoroso devoto religioso, quien sólo en la misa dominical a la que asistía con toda la familia mostraba santa pasividad y generosidad en su limosna.
Nadie nace así, sino se hace bajo la vigilante e impositiva tutela del padre, aplaudida por el entorno amical y por supuesto, secundada por una sumisa madre; quien aplastada por la bestia que la violó, preñó y la llevó al altar para beneplácito de su intachable alcurnia de sociedad, era el mejor ejemplo para el "niño" George del papel que debía tener la mujer en el matrimonio y la sociedad.
Su padre estaba orgullosísimo de tener un hijo como George, porque creía que él no sólo conduciría su empresa sino además los destinos de la nación. Para eso lo educó en los más fanáticos y trastornados de los pensamientos de Patria, Familia y libertad, y en la absoluta convicción de que la fuerza de la ley era para todos menos para él y sus amigos.
Su madre estaba preocupada por el futuro de George, quien antes de llegar a la universidad fue obligado a estudiar en una escuela militar ¿Para formar su carácter? No. Sino para moldear su conducta cívico-militar, además de sus grotescas maneras. A pesar de que no funcionó lo premiaron con todos los honores como el más destacado que alguna vez tuvieron.
Una vez en la universidad amplió sus amistades con sólo los de su clase. Un sector de ellos lo convirtieron en el líder indiscutible para la defensa de los principios de la moral y la familia. Aunque otros se alejaron de él porque lo veían como un matón fascista no acorde con los tiempos de renovación. No obstante, no tenían reparos para aliarse con él y su grupo cuando había que enfrentar a la gran mayoría de estudiantes progresistas, que según ellos eran simplemente: Agentes Comunistas infiltrados en la universidad. ¿En debates políticos? Sí. Los que siempre terminaban cuando la banda de George, "Orden y Estudios", irrumpía a golpes para rescatarlo del apaleamiento de ideas que siempre sufría. Nunca pudo tener la satisfacción de "ganar" en las polémicas universitarias, de misma manera como nunca entendió porque sus mentores, Franco y Pinochet, era tan repudiado por la mayoría. Y culpaba su limitación a la incomprensión de los otros.
Estudió leyes y descubrió que no había que cambiar la Constitución ni las leyes vigentes de su país para construir el tan deseado Estado disciplinado que su padre le enseñó. Bastaba con hacerla cumplir, a sangre y fuego, para que la paz social con desarrollo llegara.
George era el prototipo del apuesto varón. Cualquier mujer, por más rigurosa que fuera su ideal de hombre, se enamoraría de él... con la condición de que no hablara ni lo conociera en la intimidad... Sino, era un desastre.
Hasta que llegó una candidata que no tuvo reparos en acostarse con él sin cobrarle, aparentemente, y la boda-pacto familiar de la más rancia alcurnia de la sociedad se realizó; boda bendita por su mejor amigo y consejero: el arzobispo de la ciudad.
"¿Derechos de la mujer?", se preguntaba con voz de payaso en reuniones intimas. "Mi Pin*a", respondía con soberbia, para el deleite de sus amigos.
"¿Y los Derechos Humanos?" le preguntó una vez la prensa, cuando intervino por primera vez en política. "Son puras cojudeces" respondió aullando y haciendo gestos del hombre lobo. "¿Y que opina del aborto?" le preguntó una reportera. "Es un crimen. Madre que mata un hijo debe morir", le respondió amenazadoramente. "¿Así fuese producto de una violación?" le repreguntó sin intimidarse. "Para eso está el matrimonio, hija", dijo mordiendo la última palabra. A lo que un reportero le preguntó "Y qué opina de la Pena de Muerte". Y George respondió como diciendo un axioma "Es la solución para librarnos de tantos indeseables en esta nación, además es económico".
"¿Liberta de prensa?", se preguntó mentalmente al día siguiente después de que su partido, "Dios, patria y libertad", le prohibiera dar conferencias de prensa. "Mi culo", se respondió.
Su esposa le dio dos hijos, el varoncito, Georgito júnior fue una bendición, y la mujercita, María, una desgracia. Hasta allí aguantó su mujer los engaños y las palizas. El divorcio fue un escándalo judicial, en donde su ex-esposa sólo pudo lograr el gasto de los alimentos de su pequeña hija María con quien se fue. Pero María tuvo que regresar cada mes hasta que...
"Papá, Hoy cumplo 21 años", le dijo su hija María, alegre y respetuosa, cuando fue a recoger su ultimo cheque de la pensión por alimentos.
"Hija, quiero que le entregues este cheque a tu madre y que le digas... -Y parándose le grito en la cara- ... Que este es el último maldito puto cheque que va recibir de mí en lo que resta de su maldita vida!... -y luego calmado como si no hubiese sucedido nada añadió- ...Ah, Y quiero que me cuentes la cara que pone".
María, aunque ofendida por las palabras de su padre no dijo nada y fue a entregar el cheque, con el consuelo de que sólo lo vería una vez más.
George se regocijaba imaginando el efecto de sus palabras en su mujer y esperó ansioso la respuesta.
Al día siguiente cuando María regresó donde George entró sonriente, feliz.
"¿Y qué te dijo tu madre?" le preguntó George directamente, sin saludar.
Y María con inmensa alegría le contestó:
"¡Me dijo que justamente estaba esperando este día para decirte que no eres mi papá!".
Y María cantando se fue.
A George le dolió en el alma la burla de madre e hija, entonces recordó que hacía aproximadamente 21 años sucedió que...
George siempre molestaba a su mujer con bromas machistas sin ningún reparo de quien las pueda oír. Un día fue al aeropuerto a despedir a su esposa que viajaba a París. A la salida del chequeo de pasaportes y boleto de vuelo, frente a todo el mundo, George le desea buen viaje y en tono burlón le grita: "Amor, no te olvides de traerme una hermosa francesita Ja ja ja". Ella bajó la cabeza por la pública humillación y se embarcó muy molesta. Su mujer pasó quince días en Francia, y al regreso George otra vez fue al aeropuerto, ahora a recibirla. Al verla llegar, lo primero que le gritó a toda voz fue: "Y amor ¿me trajiste mi francesita?"
"Hice todo lo posible mi amor... -le contestó ella-... ahora sólo tenemos que rezar para que nazca niña"... Y así nació María.
George como abogado tuvo que ver el último problema de violación-asesinato en que su padre se vio comprometido. Y tuvo que oír la declaración de una pobre mujer campesina explicando lo que sucedió:
"¿Julia, por qué mataste al señor George?", le preguntó el juez.
"Is como qui lo maté y no lo maté, tábanos jugando", dijo Julia en llantos.
"A ver Julia, tienes que explícame eso", dijo el juez e hizo una señal al secretario para que tome nota de la declaración.
"Is qui istaba lavando los calzonis di mi maredo y is qui llega il viejo yurch, agarra la cubeta dil agua y mi la avienta y mi dice: 'Cómo qui ti llovizna'. Intoncis qui mi enojo y agarro ditirjente y se lo aviento en la cara y li dego: ‘como qui ti neva!'. Intoncis qui agarra un puñu di piedras y mi dice: 'como qui ti graniza!'. Y intoncis qui mi inojo más y agarro piedras y li digo: 'como qui ti graniza tambén!'. Dispues mi agarru mi calzún y mi la bajú y qui me dice: 'como qui ti la meto!'. Intoncis yo ben molista agarru cochello i li digo: ¡¡¡ZASSSSSS!!!...
COMO QUI TI LA METO TAMBEN MALDETO CABRUN!!!!"
Y todo lo que pudo hacer George como abogado es que le den cadena perpetua a la campesina, y enterrar a su padre.
George volvió a casarse, es un decir, esta vez con una mujer muy joven, casi adolescente, y muy pobre, y trajo a vivir con ellos a la madre y hermana de su esposa. Luego de unos años de máxima felicidad para George se sintió muy mal...
George, en su lecho de muerte, llamó a su mujer. Con voz ronca y ya débil, le dijo:
"Muy bien, llegó mi hora, pero antes quiero hacerte una confesión".
"No, no, tranquilo, tú no debes hacer ningún esfuerzo". Le dijo su joven esposa.
"Pero, mujer, es preciso... -insistió George-... Es preciso que muera en paz. Te quiero confesar algo."
"Está bien, está bien. ¡Habla!"
"He tenido relaciones con tu hermana, tu mamá y tu mejor amiga." Confiesa George pronto a morir.
"Lo sé, lo sé ¡¡¡Por eso te envenené, maldito!!!."
Y así acabó George. Pobre hombre, aparte de su madre nadie lo amó. Gran mujer.
Después crecieron mujeres más libres que criaron mejores hijos, y así mejores hombres.







abril-ale dijo
Desgraciadamente el machismo lo asentamos nosotras mismas. No olvidemos que en gran parte nosotras tenemos la tarea o la responsabilidad de la educación del niño En el pasado y aún muchas mujeres de esta época sobrevaloran al hombre. Por ejemplo, en mi casa mi abuela dice: “fulanita, servile primero a Manuel, acordate que al hombre se le sirve primero” “planchale el pantalón a Manuel, porque debe salir urgente” O sea, las mujeres incentivamos ese tipo de conducta.
Es por ello la urgente necesidad de hacer un cambio, y ese cambio está en nuestras manos, por lo tanto debemos hacerlo. Aún estamos a tiempo de forjar una sociedad distinta, donde no haya segregación hacia la mujer, donde se nos vea como lo que somos: seres pensantes, activas, responsables y capaces de ejercer cualquier trabajo fuera de casa y aún en el hogar, pero que requerimos de la ayuda del hombre…ya no como un proveedor de cosas materiales, no, sino como un compañero, un amigo, una persona que comparta las obligaciones del hogar mano a mano. Es una tarea difícil, pero imposible.
Monstruos como George abundan en nuestro planeta, pero es simple y llanamente porque además q son productos de una mujer, seguimos incentivando esa conducta con la nuestra.
Valiente la actitud de la campesina, y de la esposa, hija y segunda esposa ni q decir.
Un abrazo y gracias por compartir.
6 Marzo 2009 | 08:56 PM