"Entonces, te espero a cenar a las 8 p.m. Paul"
"Sí, querida Caroline, allí estaré. Llevaré un vino ¿Cuál prefieres, cariño?"
"Trae un White Zinfandel, ¿Si?"
"Claro, nos vemos esta noche"
Caroline colgó el auricular del teléfono de la sala y fue a la cocina. Allí revisó su recetario de comidas, desplazando su dedo índice por las hojas de este hasta que, esbozando una sonrisa, escogió una.
"Mmm... Pinchos con trozos de carne, rodajas de pimientos, tomates,
cebollas y champiñones... - murmuró y abrió la puerta de su refrigeradora para revisar lo que tenía allí de la receta-... Creo que esta será perfecta para la ocasión, solo me falta la carne."
Era las 6.00 p.m. cuando Caroline empezó a poner en orden lo necesario para preparar la cena. Cortó los vegetales y los amarinó en salsa de vinagre, sal y pimienta en un bol. Luego fue al balcón de su apartamento, y allí, en el BBQ grill, hizo una pila de carbón en medio de un trozo de tela empapada de kerosene y lo encendió.
"Son las seis y media... -pensaba Caroline-... suficiente tiempo para que encienda bien las brasas." Luego fue al comedor y arregló la mesa. Puso un candelabro, dos copas para vino y servilleta y cubiertos para uno.
Y se fue al dormitorio, a darse una ducha y arreglarse.
Paul miró su reloj mientras manejaba en la autopista, "Son las 7:30 p.m. si paro en una tienda cerca del apartamento de Caroline para comprar el vino... -pensaba-... llegaré puntual a la cena"
Hacía solo una semana que Paul había conocido a Caroline y esta noche sería su tercer encuentro con ella. En la primera, él la abordó en el Metro, cautivado por su extraña belleza y particular moda de vestir, al verla subir y cederle el asiento. Caroline era una mujer de tez muy blanca, de cabello negro natural o por la magia del tinte, de maquillaje rojo oscuro en los ojos boca y uñas, y vestida totalmente de negro. La segunda ocasión, fue en un café de estilo gótico, en donde ella era una más en medio de la gente y él era el que desentonaba vistiendo "raro" con su saco, camisa de cuello y corbata. A Paúl no le gustó la música-ruido que tocaba una banda en el escenario, y menos aún las obscenidades que gritaba con furia el vocalista de esta, pero él no había escogido el lugar ni estaba interesado en el estilo de esta, sino en Caroline. Allí, animado por la coquetería de ella, logró besarla, acariciar sus senos y tocar suavemente sus nalgas.
"Por favor, voy a llevar esto... " Dijo Paul al dependiente de la tienda, colocando las cosa que había escogido sobre la plataforma de la registradora.
Los productos fueron escaneados por el dependiente, que con una sonrisa maliciosa dijo: "Son $35.20 dólares, incluidos los impuestos" a la vez que envolvía la botella de vino con un papel protector y lo metía en una bolsa de plástico junto con la caja de condones que Paul había comprado"
A las 8:00 p.m. sonó el intercomunicador del apartamento de Caroline.
"Sube, querido" Paul oyó la voz sensual de Caroline a la vez que la puerta eléctrica de la entrada del condominio se habría.
"Mmm... Ya está caliente..." pensó Paul recordando la sensual voz de ella, mientras subía en el ascensor.
Ahora sonó el timbre musical, anunciando que Paul había llegado a la puerta del apartamento.
Caroline vestía una apretada malla transparente de encaje negro que la cubría desde el cuello a los tobillos, y encima, una bata larga del mismo estilo. Atuendo que acentuaba la voluptuosa figura que tenía.
Al abrirse la puerta, Paul quedó deslumbrado ante la inesperada visión erótica de Caroline, además de sentir el embriagante perfume de una mezcla de esencias de canela, sales y feromonas. Verla y olerla así, hizo que la imaginara como una diosa impúdica e inmediatamente su libido animal se posesionó de él.
Caroline, consciente del efecto causado, no perdió tiempo y avanzó, cogió la botella y le dio por primera vez un apasionado beso mojado, enviando la conciencia de Paul a las nubes del embeleso.
Paul se sintió conducido, entre besos y mordiscos, a la sala y luego sentado en el sillón, sin haber despegado sus labios de los de Caroline.
"Déjame poner el vino a enfriar, ya regreso" escuchó Paul, como en tinieblas.
Caroline llevó el vino a la refrigeradora, a la vez que desde lejos miró que el BBQ grill humeaba, y ya de regreso llevó dos copas de vino.
"Salud, querido Paul, esta noche será la mejor noche de tu vida, te lo prometo. Bebamos este vino especial que tiene más de cien años..."
Ambos bebieron el exquisito aunque extraño vino, que Paul, en un atisbo de conciencia, no pudo reconocer, pero le gustó.
Paul se sintió embriagado, dulcemente embriagado. No podía dejar de mirar la deseada figura de Caroline, quien se movía delante de él como invitándole a danzar un baile erótico, y creyó ver que la malla que cubría el cuerpo de Caroline desaparecía de su piel. Estaba embelesado y entre besos y caricias se sintió transportado entre las nubes a la cama de ella. Allí, escuchó a Caroline cuando le decía, mientras lo desnudaba: "Quiero sentirte muy dentro de mí, querido". Luego, entre tinieblas y destellos de luz de su consciencia, la vio cabalgar sobre él hasta que sintió experimentar la gloria del placer infinito, y tembló hasta que su consciencia se apagó.
Luego, Caroline ya arropada, fue al balcón, destapó el BBQ grill y colocó sobre las brasas dos alambres con rodajas de pimientos, tomates y champiñones uno, y el otro de pura carne.
"Este será un Pincho especial. El de la semana pasada, de corazón, no estuvo nada mal, pero este, tan grande, carnoso y jugoso me saciará totalmente. Querido Paul, ni te imaginabas que llegarías muy dentro de mí, y te recordaré por siempre." Pensaba mientras giraba los alambres de acero para evitar que el calor quemara la carne y los vegetales.
Minutos más tarde, sentada sola frente a la mesa y con un suculento plato y delicioso vino color rosa servido en una copa, brindó: "¡A tu salud, Paul.!" y sonrió.